Lucas Vidal. Talento, pasión y optimismo en forma de BSO

Nuestro corazón late entre 50 y 100 veces por minuto, un ritmo que puede variar según la situación en la que nos encontremos; porque, a veces, la vida se ejecuta Adagio, otras Allegro y en ocasiones Vivace. Un tempo que cada uno podemos elegir A piacere, ya que hay momentos que se pueden resumir con unas cuantas notas y otros que, al contrario, necesitan una partitura entera.

El corazón de Lucas Vidal prácticamente se mueve al ritmo que marca un metrónomo, debido a que desde pequeño la música ha sido parte de su día a día. Su abuelo fundó la compañía discográfica Hispavox en los años 50 y sus padres le han transmitido su amor por la música desde que era un niño. Recuerda horas y horas en la ópera, tardes viendo El maquinista de la general con su madre y primos “todos iban con los malos y yo con los buenos”, pero también cuando ponía la televisión en silencio e improvisaba con el piano.

Pasión, intensidad y optimismo son tres de los ingredientes que le han convertido en uno de los compositores de bandas sonoras más jóvenes de Hollywood. Aunque probablemente la vitalidad y sensibilidad que pone en todo lo que hace hayan contribuido en gran parte. Porque Lucas, aunque no sea del todo consciente, tiene la habilidad de convertir lo cotidiano en extraordinario.

En el verano de sus 15 años se fue con una beca a Berklee College of Music sin saber que, años más tarde, volvería y se licenciaría Summa Cum Laude, siendo el estudiante más joven en componer y grabar la banda sonora de una película con una orquesta de 80 músicos. Ha compuesto para el Boston Ballet o el Boston Symphony Hall y ha sido nombrado uno de los 100 Españoles Marca España. Y sí, solo tiene 31 años.

“Hay que hacer los sueños realidad porque solo se vive una vez” afirma con convicción, al igual que defiende que “cuando las cosas tienen que pasar, suceden”. Y así ha sido su vida hasta ahora, una sucesión de acontecimientos fruto de su esfuerzo y talento que le han llevado al punto en el que se encuentra ahora mismo: dedicándose a lo que más le gusta y viviendo entre Madrid y Los Ángeles, “me gustan mucho ambas ciudades y me encantaría que estuvieran juntas”.

Bach es uno de sus referentes, al igual que Alexandre Desplat, Alberto Iglesias o John Williams, a quien admira excepcionalmente –a finales del año pasado dirigió un concierto homenaje al compositor norteamericano en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y este año volverá a hacerlo en el Teatro Real-, pero también lo han sido sus padres y Curro, su mejor amigo. Porque Lucas adora Madrid y todo lo castizo que le recuerde a sus raíces -como el jamón serrano-, pero también Cinema Paradiso, una película que siempre consigue emocionarle o jugar al ping pong y al squash.

Mientras Duermes (2011), de Jaume Balagueró; The Raven (2012), protagonizada por John Cusack, The Cold Light of Day (2012), con Bruce Willis y Sigourney Weaver; Invasor (2012), de Daniel Calparsoro; Mindscape (2013), Fast & Furious 6 (2013) o Nadie quiere la noche (2014) de Isabel Coixet son algunas de los últimos títulos para los cuales ha compuesto la banda sonora, y actualmente se encuentra en pleno proceso de grabación de Palmeras en la Nieve, película que se estrena en diciembre y para la que ha trabajado con Pablo Alborán. No sabemos cuál es el secreto de su energía desbordante, quizás tenga guardado un reloj con horas extra o simplemente juegue con el tiempo batuta en mano, pero lo cierto es que desde Music and Motion Productions, empresa que ha fundado junto a su socio Steve Dzialowsky, hace realidad proyectos cada vez más interesantes.

Con mirada decidida confiesa que “el secreto de una banda sonora redonda es acompañar el guion sin que la gente lo note, es decir, que tenga un sentido y que añada algo a la historia que lo visual no cuenta”. Lucas Vidal tiene claro que hay que exprimir la vida a cada latido, a cada pulsación. Porque, para bien o para mal, solo hay una.

Fuente: ABC

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