Santos Ruesga presenta su último libro ‘¿Qué ha pasado con la economía española?’

Santos M. Ruesga (Burgos, 1935) es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid y conferenciante Diserta.  Participó en el comité de expertos designado por el Gobierno central para la reforma de las pensiones y que propuso aplicar los factores de sostenibilidad y revalorización anual. Él fue el único que votó en contra. Se encuentra ahora presentando su nuevo libro ‘¿Qué ha pasado con la economía española?, que reúne once ensayos de nueve autores, y que él coordina junto con Norberto E. García

Usted llama en el libro a la actual crisis la Gran Recesión 2.0. ¿Por qué emplea dicho término?

-Para compararla con la primera gran recesión de la historia económica y que estalló en 1929. Ambas tienen bastantes puntos de coincidencia, aunque se desarrollan en diferentes contextos históricos y la actual es incluso más intensa.

¿Qué posibilidades existen de que se produzca una tercera recesión?

-Hay bastantes indicios que apuntan a que dentro de esta segunda gran recesión se podría producir una nueva recaída. El mercado internacional se está contrayendo, las economías emergentes están relativamente estancadas, China podría contagiarse de los males que sufre Japón desde hace años y hay preocupantes previsiones sobre el crecimiento del motor alemán. En cuanto a los índices macroeconómicos, la situación es cuando menos preocupante. Estamos entrando en una fase de estancamiento prolongado o de crecimiento muy lento e incluso podríamos entrar en una recesión más intensa a lo largo del próximo año.

¿No aprecia ningún síntoma que invite al optimismo en la economía actual?

-No. El discurso del Gobierno es muy terco y de difícil credibilidad. La pequeña reactivación actual se basa en el sector servicios, que es muy vulnerable porque depende de la demanda de los países europeos, cuyo crecimiento se ha frenado. No es para que estemos muy alegres, porque las pequeñas tasas de crecimiento se producen además con un empleo de baja cualificación.

¿Cómo explicar que tras seis años de ajustes, recortes y sacrificios aún no hayamos salido del túnel?

-La política económica tiene mucho que ver con eso. La otra gran recesión, a diferencia de la actual, acabó cuando el Gobierno estadounidense empezó a aplicar políticas expansivas en materia fiscal, lo que generó una aumento de la demanda y el empleo, y también con medidas de intervención financiera. En Europa no hemos aprendido de esta experiencia y se insiste en el error de aplicar políticas contractivas, creando un círculo vicioso, ya que generan una mayor contracción de la demanda. Y ello unido a una tibia reforma de los mercados financieros. Una de las mayores enseñanzas de Keynes es que es muy difícil que la locomotora de las inversiones avance si no hay una mínima credibilidad en el sistema financiero, y en España aún no se ha recuperado esa credibilidad.

¿Podría España aplicar políticas distintas a las que marca la UE para intentar salir de la crisis?

-Es difícil, porque, aunque tenemos autonomía fiscal, la política monetaria y las restricciones que imponen las políticas derivadas de tener una moneda única la limitan. El margen de maniobra del Gobierno de España está muy condicionado por lo que haga el Banco Central Europeo. La única alternativa es intervenir en la UE y tratar de cambiar al rumbo desde allí. El bloqueo de las políticas fiscales expansivas lo ejerce el Gobierno alemán, cuya economía representa el 30% de la economía europea. La esperanza que nos queda es que se están empezando a dar cuenta de que esa política fuertemente contractiva está perjudicando al propio crecimiento alemán.

¿Cuál debería ser, a su juicio, la primera medida y más urgente que debería adoptar el Gobierno español?

-Debería hacer una reordenación importante de sus inversiones con el objetivo de reactivar la demanda interna, y propiciar un acuerdo europeo para impulsar las inversiones con el mismo fin. Es absolutamente necesario expandir la demanda.

Imagino que el Gobierno no habrá vuelto a contar con usted tras ser el único miembro del comité de expertos para la reforma de las pensiones que votó en contra.

-No. Aquello fue un simulacro. Hicieron la reforma que ya tenían prevista y preparada y montaron aquel comité como paraguas académico. Al final consiguieron hacer lo que querían. La reforma es perjudicial para los pensionistas, y en cinco o seis años sus efectos empezarán a ser importantes y se dejarán notar en el poder adquisitivo.

Fuente: LA VERDAD

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